La Tripanosomiasis Bovina fue reconocida por primera vez a fines del 2006 en la provincia de Formosa, por ocasionar muertes en bovinos y búfalos. Desde entonces, las posibilidades de dispersión a otras provincias y regiones están presentes debido a la existencia en casi todo el territorio nacional de los vectores que posibilitan la aparición de la enfermedad y por los movimientos constantes de animales que hay entre provincias.

En los últimos años se han observado en diversos establecimientos de las cuencas lecheras de Argentina la presencia del Tripanosoma Vivax. Según un informe del Grupo de Sanidad Animal de INTA Rafaela, se trata de un hemoparásito que es un protozoo extracelular  y que no afecta al hombre ni a otras especies domésticas como a cerdos, perros y gatos pero sí a los rumiantes (bovinos, búfalos, cabras, ovejas).

Se multiplica por división binaria en el sitio de la picadura y luego desde allí viaja por capilares linfáticos a los nódulos linfáticos y al torrente sanguíneo donde continúa su ciclo de multiplicación, produciendo anemia y afectando órganos como el bazo, hígado, pulmón, cerebro, corazón e intestino. Los daños que causa se deben a la utilización de nutrientes del hospedador y a la producción se sustancias tóxicas liberadas por el parásito.

El bovino con parásitos circulando en sangre es fuente de contagio para otros animales susceptibles, en caso de que poblaciones abundantes de tábanos y moscas bravas se encuentren en el medio ambiente. El hombre puede también ser responsable de su transmisión a través de tareas que vehiculicen sangre entre animales como sangrado, vacunaciones, descorne, y otras maniobras zootécnicas, realizadas sin las debidas normas de higiene.

Síntomas clínicos

El período de incubación del T. vivax es variable, de los 9 a los 60 días, de acuerdo a la virulencia de la cepa y a la susceptibilidad de los animales. En las vacas lecheras, los signos predominantes fueron abortos, marcada disminución de la producción láctea, temperatura corporal por encima de 39,5°, anemia, leve ictericia, diarrea, debilidad, pérdida de la condición corporal (CC), edema de papada, irritabilidad, queratitis. Dada esa sintomatología suele confundirse con Anaplasmosis bovina, otra enfermedad de curso agudo y anemizante presente en los rodeos argentinos desde hace años y transmitida por los mismos vectores.

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Cabe destacar que algunas vacas que recibieron tratamiento específico pueden volver a presentar signos de enfermedad a las pocas semanas, especialmente en los animales que están estresados, mal alimentados o con enfermedades intercurrentes.

Terneros con menor peso y tamaño al nacer.

Tratamiento

Una vez diagnostica, se debe aplicar el tratamiento específico a todos los animales con signos  clínicos. La única droga disponible en Argentina es el aceturato de diminazene y la dosis indicada varía entre 3,5 a 7 mg x kg de peso por vía intramuscular. Es preferible utilizar la dosis mayor debido a que disminuye las posibilidades de inducir resistencia en este parásito. Su uso en tratamientos masivos en los rodeos con un  brote, produce una disminución de los casos agudos, pero como la droga es de rápida metabolización y excreción, el tratamiento no tiene valor profiláctico niefecto esterilizante. Hay que considerar que la leche de vacas tratadas con diminazene requiere un descarte de tres días y debe evitarse el consumo de carne de los animales tratados por un lapso de 21-35 días post administración.

Control

El personal de tambo debe estar alerta ante la aparición de animales con signos clínicos de la enfermedad, especialmente vigilar los descensos de producción láctea y la temperatura corporal (utilizando un termómetro clínico). Ante una sospecha se debe extraer sangre con anticoagulante y remitirla a un laboratorio para comprobar la existencia de T. vivax en frotis. Una vez corroborada su presencia, corresponde proceder con el tratamiento específico, de esta manera se busca evitar el uso inadecuado del diminazene.

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Se recomienda aplicar medidas de control sobre la población de los transmisores naturales como la mosca brava. Para este insecto hay que evitar la acumulación de materia orgánica como forrajes, pastos, alimentos en descomposición, materia fecal, ya que es allí donde se produce el ciclo de cría de este insecto. Instaurar rutinas como el rabasteado frecuente de corrales y patios de comida, evitar la creación de zonas húmedas por pérdidas de aguas de bebederos y tanques, ya que esta humedad con materia orgánica es otro de los sitios preferidos para su multiplicación.

Carecen de efectividad las caravanas y productos aplicados sobre el animal para repeler a la mosca de los cuernos, debido a que la mosca brava pasa la mayor parte del día lejos de los animales y cuando se alimenta, se ubica preferentemente en las patas y vientre de los mismos. Se puede implementar un control químico, aplicando insecticidas sobre instalaciones y objetos ubicados en el tambo y su periferia donde las moscas suelen asentarse. Respecto a los tábanos, no existen métodos eficaces de control.

El evitar los movimientos de animales provenientes de zonas o rodeos que sufrieron la afección es una medida apropiada. También debería complementase con un estudio de tipo serológico, para determinar si los animales estuvieron en contacto con el T. vivax, pero por el momento esta técnica no está disponible en Argentina y las técnicas moleculares (PCR) son muy caras para utilizarlas por la magnitud de  los movimientos de animales que se realizan en esta cuenca lechera.

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