Osvaldo Botta es un reconocido empresario que conoce como pocos el mercado inmobiliario rural. Como tantos otros, su firma ha atravesado todo tipo de escenarios, siempre con consecuencias en el sector. En estos tiempos de Pandemia y cuarentena, uno de los grandes interrogantes pasa por saber qué ocurrirá con el rubro, en una época del año trascendental para la compraventa de campos o bien, renovar o concretar alquileres.

Al respecto, Botta reconoce que “el sector agropecuario sigue invirtiendo y produciendo” a pesar del escenario que afronta. En ese sentido, destacó la voluntad y la apuesta de los inversores.  Precisamente, asegura que “es el momento de invertir en tierras” porque continúan arrendándose campos agrícolas a precios similares a los registrados en la campaña anterior.

Su visión coincide con la mirada de Juan José Madero, presidente de CAIR, que en una entrevista brindada a Agroads anticipó que los campos con mayor potencial y más cercanía a puerto “van a conservar en general el mismo valor que el año pasado”. Cabe destacar que a medida que se vayan alejando de esas condiciones probablemente se renegocie un poco para la baja, si es en quintales fijos, o se pase a una figura de aparcería. Pero si algo está claro es que la demanda está sostenida y el ciclo sigue.

La alta demanda y la escasa oferta de campos para la actividad ganadera, también representan otros factores que respaldan la idea de Botta, que también considera que “las monedas en el mundo que se avecina están sufriendo fuertes devaluaciones, al igual que lamentablemente muchas empresas”; por eso sostiene la tierra es lo único que perdurar. “Aquel que tiene ahorros y duda qué hacer con ellos, ahora es el momento de invertirlos”, recomienda. 

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La revalorización de la tierra

En las últimas décadas, el valor de la tierra ha tenido un crecimiento exponencial. En promedio, Botta afirmó que el aumento se ubicó en el 1.000%, según los datos surgidos de estadísticas y seguimientos reales de su empresa.

“Pensemos cuánto valía hace 20 años una vaca o el cereal,  y cuánto valía comprar una computadora, o cualquier cosa tecnológica; en este marco cada vez se dispara más, a la inversa de antes, el valor de los alimentos en general”, explicó. Para el empresario, “un chip hoy es más económico que una visita a la verdulería, ni qué decir una computadora comparada con el valor de una vaca; esto nos denota lo que seguirá sucediendo con el valor monetario de las tierras. Pensemos que a nivel mundial sólo el 3% de las tierras que posee el Planeta es útil y fértil para la producción de alimentos y, de ese porcentaje, nuestro país posee el 20% de esa tierra fértil”.

Por las condiciones que reúne Argentina, incluso la particularidad de contar con todos los climas, Botta no duda en afirmar que el país tiene un “futuro agroindustrial sin límites”, en un mundo que necesitará alimentos. Por supuesto que para ello serán imprescindibles tanto la calidez como la inteligencia humana y políticas de Estado que permitan generar valor agregado en la industria.

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