Salieron de Las Parejas rumbo a Rusia para cumplir con la etapa final de una exportación que se cerró en 2020, se despachó en plena pandemia y recién ahora se pudo concretar la etapa final. Son un equipo de Caimán, fabricante de pulverizadoras con fuerte cultura exportadora, ya que llegan a 6 destinos. 

En esta entrega, pisaron el suelo ruso nueve pulverizadoras de arrastre Serie A, que se caracterizan por tener chasis diseñados para soportar las más altas exigencias, gracias a su estructura reforzada fabricada en acero, con barrales reticulados con rienda, realizados en tubos de acero de generosas dimensiones; y un equipo autopropulsado del modelo SP 3850.

“Habíamos vendido cuatro contenedores de equipos de arrastre y una máquina motriz en plena pandemia, y nunca se había hecho la puesta en marcha y la calibración”, cuenta Sebastián Sánchez, responsable de Comercio Exterior, “Rusia recién abrió sus fronteras en diciembre del año pasado, y tuvimos que esperar que pasara el invierno para poder venir. Hicimos las calibraciones necesarias, y visitamos clientes con el concesionario en Stavropol, Rostov, Krasnodar, Samara, Saratov y hacia el sur hasta Oremburgo. Son campos donde se cultiva trigo, colza, maíz y girasol”

Respecto del conflicto bélico que se desarrolla en la región, Sánchez señala que “el impacto se siente, y más en los sectores productivos o de consumo masivo, ya que las empresas norteamericanas y europeas han hecho un stop de sus operaciones. Muchas no envían ni repuestos, y eso ocasiona muchos inconvenientes. Es una oportunidad grande para las empresas argentinas que quieran entrar al mercado ruso, porque en condiciones ´normales´ somos poco competitivos”, continúa Sánchez.

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 “Pero el tema es brindar servicios de posventa. No se puede vender acá si no se cuenta con un distribuidor con servicio mecánico y repuestos”, aclara desde la empresa que puso el ojo en este destino hace unos años, por ser un mercado atractivo por la gran cantidad de hectáreas cultivables, que tiene un recambio de equipos mucho más frecuente que el de Argentina, y donde, al no existir la figura del contratista, cada productor tiene su máquina.

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